MONO NO AWARE Y WABI-SABI: DOS CONCEPTOS ARTÍSTICOS

Wabisabi aware

El mono no aware y el wabi-sabi son dos conceptos esenciales para entender todo el mundo artístico japonés. Son ideas tan puramente orientales que no encajan con la concepción del mundo que tenemos los occidentales. Podría decirse que leer literatura japonesa o apreciar una obra de arte japonés sin conocer estos conceptos es comprender tan solo una parte de lo que el creador intenta transmitir. A través de estos dos conceptos el autor logra comunicar emociones con su arte, bien sean las palabras, bien sean las líneas de un dibujo. Vamos a verlos detenidamente.

Mono no aware (o tan solo aware): podríamos traducirlo literalmente como “la compasión por las cosas”. Es un concepto estético que empezó a evolucionar en la era Heian (de 794 a 1185, con capital en Kioto), cuando en el arte aún no se había empezado a notar la influencia del budismo o el confucianismo. El aware es el sentir humano, despojado de toda creencia religiosa y de todo patrón ético y moral. Es la piedad que sentimos cuando escuchamos o vemos cualquier acontecimiento. Lo que el personaje en cuestión experimenta en su interior cuando ve que un pájaro que ha caído de la rama y yace muerto en la tierra. Es una expresión puramente estética del arte japonés.

Es en  Genji Monogatari (La historia de Genji), una magna obra sobre la corte de la época (considerada la primera novela del mundo) donde podemos encontrar el concepto de aware en su máximo esplendor.  ¿Por qué es una obra tan antigua el representante por excelencia del aware? Porque no había todavía influencia de los patrones de comportamiento que dictan las religiones en la literatura. Me explico: el budismo dota al ser humano de un desarraigo por la vida terrenal; es más espiritual, por lo que carece de aware. Al mismo tiempo, el confucianismo predica un comportamiento intransigente: una jerarquía y un desapego a la vida que se manifiesta en el concepto de vida y muerte que tenían los samuráis de la época. Como el budismo tuvo su edad gloriosa a partir de la era Kamakura (a partir de 1485, como ejemplo, el budismo zen) y el confucianismo tuvo su máximo apogeo con la era Tokugawa (1603-1867), el concepto de mono no aware queda eclipsado por la ética de ambas religiones-filosofías.

Tal y como expone el traductor Carlos Rubio en su libro Claves y textos de la literatura japonesa (pags. 205-208), encontramos en Genji Monogatari un ejemplo muy esclarecedor: el adulterio. Un lector que vea las relaciones adúlteras que tienen lugar en la obra desde el prisma confuciano (o cristiano) censurará estas relaciones por no adecuarse a las pautas morales que establece su credo. Este lector carecerá, en definitiva, de la sensibilidad del mono no aware. En cambio, Genji, el protagonista de la historia, comprenderá las relaciones adúlteras, pues su kokoro (corazón, alma), dotado de mono no aware, es capaz de llegar a comprender a una persona que se ha guiado por el instinto del amor, un instinto más cercano a la naturaleza primigenia que a las pautas establecidas por la sociedad. Así pues, el mono no aware no entiende de credos: es la sensibilidad humana en sí misma.

Vamos con el segundo concepto.

Wabi-sabi: concepto estético que empezó a desarrollarse a partir del budismo zen y que impregna cada valor artístico japonés de esa capa “zen” que muchas veces es tan imposible de explicar para un occidental. Cuando vemos una película japonesa, leemos un libro, admiramos un cuadro, saboreamos sus platos… Todo tiene una extraña sensación que los europeos solemos definir como “muy zen”. Eso es precisamente el wabi-sabi: hacer de la imperfección, la asimetría y la menudencia el germen de la belleza. Es algo tan diferente de nuestra concepción de lo hermoso que es complicado de entender para Occidente, que se rige por la idea de perfección clásica de Grecia y Roma.

Para los japoneses,  la idea de belleza radica en lo hermosamente imperfecto. Esa piedra tan impura, con diferentes tonalidades de grises y cuya forma dista mucho de ser el círculo perfecto. La sensación de ver la belleza en la imperfección es el wabi-sabi. Es la austeridad hecha felicidad. Sería como un pobre dichoso, una persona que no tiene nada de valor por fuera pero en su interior esconde un valor supremo. ¿No es eso lo que experimentan los budokas cuando practican artes marciales? ¿No se sienten estos superados por la simpleza de los movimientos, por la riqueza, paradójica, de esa sobriedad? Lo mismo pasaría en la conocidísima ceremonia del té japonés: decoración austera, movimientos lentos, silencio… Este concepto alcanza su esplendor en las artes japonesas más conocidas en occidente: el sado (camino o ceremonia del té), el ikebana, los haiku, los jardines zen, las ceremonias en las artes marciales, la presentación en la gastronomía japonesa…

Aunque en la literatura contemporánea estos dos valores no están tan marcados, sí que se percibe una fina capa que envuelve a las novelas más actuales. Sin ir más lejos, el nobel Yasunari Kawabata, cuya obra ha sido traducida casi al completo al castellano, recurre a estos recursos estéticos en muchas de sus obras.

 

Departamento de Negocios Internacionales